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Choque cultural: Dejarlo todo e irme

Cuando dejar nuestro país genera sufrimiento

 

Antes del choque cultural todo empieza por un…“Quiero dejarlo todo e irme”, “hago las maletas, ¡y me voy!”. Ello puede ser fruto de entusiasmo o de rabia (un amor terminado o uno nuevo a seguir), de decepción o aburrimiento (necesidades vitales o profesionales no satisfechas en el propio país) o solamente curiosidad (querer ponerse a prueba en un contexto diferente).

Emigrar a otro país es de igual forma una búsqueda, pero también una pérdida que genera sufrimiento, y cuando nos damos cuenta empezamos a “bailar” en una oscilación de estados de ánimos que a menudo nos desorientan.

Choque cultural: Parte del proceso

 

Emigrar se transforma no solo en una experiencia, sino también en un proceso. Inicialmente nos sentimos eufóricos por la novedad, para adquirir independencia, pero de igual forma, nos encontramos inmersos en un choque cultural. Esto se puede producir para la ansiedad que nos genera la perdida de nuestros signos familiares y símbolos de las relaciones sociales. Nos sentimos como un “pez fuera de agua”, a pesar de ser personas “modernas” o con mucha voluntad, nuestro apoyo vital cederá.

Esto no significa necesariamente que irse a vivir al extranjero sea un trauma, pero sí que es interesante conocer las diferentes fases que provoca el choque cultural, antes de sentirnos integrados en el nuevo país.

Choque cultural: Fases

 

El antropólogo finés-canadiense Kalervo Oberg propuso 5 fases del choque cultural y la adaptación de una persona en un nuevo país:

  • Excitación: Los primeros meses de vita en el extranjero son una “luna de miel” todo es nuevo, emocionante y excitante.
  • Rechazo: Empieza el choque cultural, todo el entusiasmo inicial empieza poco a poco a bajar de intensidad, así como las nuevas y excitantes experiencias. Nos tenemos que enfrentar a las pequeñas y grandes dificultades de la vida cotidiana. De repente se empieza a descubrir que la manera de hacer las cosas en el nuevo lugar pueden diferenciarse, a veces, del proprio. También nuestra identidad está comprometida, por ejemplo tendremos dificultad a hacer bromas, porque en principio lingüísticamente no dominamos la lengua o porque el sentido de humor es diferente. Empiezan así a aumentar las dificultades de adaptación, pensando que nadie nos pueda ayudar en superar este tipo de estrés que nos genera el choque cultural. Pensamos que nuestro alrededor no nos entiende o que no sea en ninguna forma interesada. Puede pasar que empecemos a “odiar” el país que nos acoge y todo lo que esté relacionado.
  • Regresión: Una vez que somos hostiles a la cultura que nos acoge, es muy difícil volver atrás. Se puede intentar una nueva actitud, o coger otro camino, más simple, que muchos pueden recorrer en muchos de estos casos: encerrarnos en nosotros mismos. Con el pasar del tiempo, nos encontramos en un dilema: ¿elegir quedarnos o volver a nuestro país?
  • Aceptación: Una vez nos encontramos en esta fase, podemos reír o sonreír de las cosas que nos causaron mucho sufrimiento cuando hemos llegado, el choque cultural ya no tiene el mismo peso. Cuando esto pasa nos encontramos en la fase de aceptación. Cuando empezamos a integrarnos hacia la cultura y el idioma, nuestra autoestima y confianza volverán.

Hay maneras diferentes de vivir la vida y ningún es mejor de otro, es solamente diferente.

¿Tú en qué fase te reconoces?


Psicóloga Annalaura Cardella

Col. 20018


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